Una Policía no es rescatable cuando el 70% de sus integrantes desviaron sistemáticamente su misión. No existe una evaluación técnica sobre integridad y profesionalismo de la Policía Nacional Civil, PNC, pero datos indirectos hacen presumir que después de 13 años de haber sido refundada, la institución ya no es reformable. La carrera policial está quebrantada. Ningún aparato de seguridad permanente será eficiente, íntegro, jerárquico, disciplinado ni mantener la moral bajo ese patrón de ascensos. Los abundantes registros fácticos de policías al servicio del narco en provincia, o las operaciones del “cartel del tumbe”, apuntan hacia una amenaza mayor en la PNC dadas las exorbitantes masas de dinero que fluye en esos circuitos ilícitos. Estamos ante un cuadro análogo al del Estado Mayor Presidencial, EMP. Hacia 1998 el EMP ya no era reformable; tampoco se podía dejar sin seguridad a la Presidencia de la República. A partir de 2000 se encaminó un proceso ordenado de constitución del órgano sustituto, la SAAS, que llevó 46 meses. La SAAS, bajo Ricardo Marroquín, fue tomando progresivamente funciones del EMP e incluso recuperando a su personal a través de filtros institucionales. La PNC tendrá que someterse a un régimen semejante, pero más complejo pues no hablamos de desmovilizar cientos de ex guardias, sino miles de policías y sus mandos. Y en materia de qué no hay que hacer al desmovilizar fuerzas de seguridad, algo tuvimos que haber aprendido tras los fracasos acumulados desde los Acuerdos de Paz. (EP. 15)








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