Obviamente el señor Raúl Velásquez no había logrado absolutamente nada en materia de seguridad ciudadana, pero esa constante de cambios que se inicia con la misteriosa muerte de Vinicio Gómez, ayuda a incrementar el clima de inseguridad y zozobra que aflige a los guatemaltecos. Cuando la situación se volvió insostenible llegó Velásquez, quien nunca tuvo equipo ni capacidad de liderazgo para implementar políticas coherentes y el ministerio fue nido de pleitos entre bandos que, obviamente, minaron la capacidad de respuesta ante un crimen organizado mucho más competente que las fuerzas de seguridad. La ausencia de una política nacional de seguridad es alarmante porque la población está realmente angustiada por la situación y esos cambios constantes, por justificados que sean en casos como el de Gándara y Velásquez, solo demuestran el pobre criterio del Gobierno para escoger a sus colaboradores en un área que debiera ser fundamental para cualquier gobierno, pero que evidentemente no es la prioridad del actual. Y por ello es que seguimos dando tumbos, sin ton ni son… (La Hora: 10. 01/03/2010)