El TC es un tema importante; no cabe duda. Este año se vio cómo Chile defendió su TC con US$12 mil millones, ya que su caída estaba quebrando al sector agrícola. La producción es un tema importante, lo que un banco central medianamente serio no puede evitar. En enero, después de que el Banguat expresara proyecciones, de nuevo el TC cae en forma claramente indeseada, lo que afectará en definitiva el crecimiento económico del país y pondrá al aparato productivo a merced de la competencia mexicana, costarricense y americana en general. ¿Qué sucede? El Gobierno se ha encontrado emitiendo deuda pública en una forma no vista en décadas, lo cual no solo no permite la reactivación del crédito de la banca al sector privado y la ciudadanía en general, sino ha secado el mercado de recursos nacionales. Ello, aunado a buenos precios de exportaciones, se trajo el TC. La inoperancia de la autoridad monetaria ante, durante y a finales de la crisis tiene un costo claro: un crecimiento de 2.5% el presente año, similar al poblacional; es decir, no hay crecimiento de ingresos para el guatemalteco en promedio. Hoy Guatemala crece a tasas mediocres, en buena parte por la disfuncionalidad de una política macroeconómica que atiende realidades inexistentes y un gasto e inversión públicos cada vez más opacos e igualmente disfuncionales, confirmando que Guatemala hoy no cuenta con las capacidades técnicas y operativas para implementar una política macroeconómica de crecimiento y generación de empleo; reafirmando la economía del corcho, que no se hunde pero que no vuela. (PL)










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