Ha cometido descuidos de comunicación gigantescos.
Méndez Vides
Los candidatos para Presidente se proponen como “marcas” comerciales de productos en los que no tenemos mucha opción, como la electricidad sin competencia o los frijoles que elegimos entre el contenido de dos canastos, donde los dos muestran piedras y gorgojos y cuesta descubrir la diferencia. A pesar de tanto gasto en publicidad, los candidatos no han tenido el tino de mostrarse diferentes, sino en contra de todo pronóstico a cada momento se parecen más. En estadística, la mitad y mitad no indica preferencia dividida sino en realidad expresa ausencia de verdadera rivalidad. Si la moneda no está cargada y la lanzamos al aire infinitas veces, al final habrá caído en la mitad de ocasiones cara y en la otra mitad escudo. Pero basta que exista un sesgo hacia alguno de los lados, para que se torne evidente el efecto. Lo que estamos presenciando en estas elecciones es pérdida de interés.
El candidato de la mano dura ha cometido descuidos de comunicación gigantescos, agudizados al final de la carrera, porque no es posible pasarse ocho años con la canción del carácter para imponer seguridad, con el gesto duro y la camisa de trabajo, para volverse blandito de repente, echar sonrisas que no le van y hasta desagradan, lucir el tacuche de las fiestas y hasta meterse a copiarle a su seguidor errático lo del apoyo dadivoso a los ancianos. Ahora, en lugar de garrote, parece portando la túnica de Madre Teresa que no le va. Leer Opinión completa: La duda del General









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