Tiene razón el presidente estadounidense, Barack Obama, cuando señala que solo la historia podrá juzgar si la guerra de Irak fue una estupidez o una equivocación del presidente George W. Bush. Esta frase denota una actitud de valentía, porque de hecho admite que es válida la pregunta acerca de si valió la pena o si se justificó semejante aventura bélica, anunciada como una campaña de corto plazo, pero convertida en la más larga y costosa de la historia de Estados Unidos.

Los números son apabullantes. Duró más del doble de tiempo de la Segunda Guerra Mundial y fueron despilfarrados US$770 mil millones, equivalentes a un gasto diario de unos US$321 millones. Además, se calcula un gasto de entre US$346 mil millones y US$469 mil millones para gastos relacionados con los veteranos. Murieron 126 mil iraquíes, 20 mil soldados y 19 mil combatientes, y del lado estadounidense hubo 40 mil bajas, de ellas cuatro mil 400 muertos.

El análisis acerca de este conflicto debe tomar en cuenta que los motivos esgrimidos por el entonces presidente Bush señalaban la existencia de armas de destrucción masiva construidas u ocultas por el régimen dictatorial de Saddam Hussein, pero estas nunca fueron encontradas. Leer editorial completo: Guerra de Irak y sus lecciones