Jorge Gómez Barata

La mala conducta del primer ministro David Cameron frente a los esfuerzos por administrar la crisis que impacta la “Zona Euro” no es una excepción sino parte de la regla que ha regido el comportamiento británico respecto a la Unión Europea. La novedad es lo radical de la definición que asoma la posibilidad de ruptura.

Las razones esgrimidas por Gran Bretaña se asocian al status de las instituciones financieras de la llamada “City”, una exclusiva zona del centro de Londres donde se concentran la bolsa y las principales instituciones financieras británicas que forman el mayor mercado de capitales del mundo y que es refractaria a cualquier regulación sobre sus transacciones.

Como Wall Street en Nueva York, la City es un enclave urbano (una milla cuadrada) que funciona según reglas de las altas finanzas, basadas en la discreción y el secreto. En esa área viven unas 9 000 personas pero trabajan 350.000. Según algunos críticos, la City es un “estado dentro del estado y para otros, un aristocrático mega paraíso fiscal.

Naturalmente, las instituciones basificadas en ese distrito financiero tienen intereses afines que forman la base de un consenso que les permite actuar como un poderoso grupo de presión sobre el poder y la sociedad cuyo principal cometido es preservar las altas finanzas y las grandes fortunas de cualquier control o regulación.

Naturalmente al corazón financiero británico, como mismo le ocurre al de Suiza, Nueva York y otros, les resulta difícil convivir con entidades como la Unión Europea y más aun la zona euro, cuyo funcionamiento exige que se depongan particularidades locales, nacionales o gremiales en beneficio de regulaciones no solo comunes sino supranacionales que como el Parlamento, el Banco Central Europeo y otras que suelen ser vinculantes.

La Unión económica, financiera y política, ya sea en Europa o Latinoamérica supone, no solo la renuncia a determinadas cuotas de soberanía nacional, sino el reconocimiento de una nueva soberanía: la soberanía común cosa que los políticos asimilan mejor que los barones de las finanzas.

Parafraseando al más sagrado de los textos: “Primero entrará un camello por el ojo de una aguja que un banquero suizo o británico o de la Reserva Federal en una entidad financiera regulada y controlada por gobiernos o por personas ajenas al gremio. Eso explica por qué ciertos países europeos acceden a formar parte de la Unión Europea pero no a adoptar la moneda común y son capaces de consensuar las políticas atómicas, agrícolas, sociales e incluso militares pero no monetarias, financieras o fiscales. El dinero no es promiscuo.

Tecnicismos aparte, en su esencia más profunda, se trata de preservar los intereses y los privilegios de la oligarquía financiera, no sólo británica sino mundial, que es la más sólida, exclusivista y poderosa de todas las elites de poder que hayan existido.

Esa corporación que ha eliminado las barreras entre lo privado y lo público, carece de rostro y de sentimientos, no tiene sede ni nombre, no se somete a elecciones ni escrutinios, no se compromete con liderazgo alguno ni revela sus intimidades, ejerce un poder no sólo absoluto sino inmediato, directo y brutal; al fin y al cabo: “Siempre se trata de dinero”.

Según se afirma, la estrategia británica se encamina a disfrutar de las ventajas que significa estar en la Unión sin compartir las obligaciones y, al sustraer a las instituciones financieras del Reino Unido (privadas y públicas) de las regulaciones comunes, convertir a Gran Bretaña en una especie de “otra Europa” con solvencia para actuar como interlocutor de la agrupación, de cada país y especialmente de Estados Unidos, alianza estratégica a la que apuesta el stablishment británico.

Al interior de Inglaterra, las fuerzas políticas más avanzadas le reprochan a David Cameron el haber confundido o identificado los interés del país con los de la City, que dicho sea de paso, no representa a toda la clase dominante formada además por: industriales, agricultores, comerciantes y otros que si bien han sido desplazados del poder por la oligarquía financiera, conservan no poca capacidad de maniobra.

Aunque no se puede subestimar el poderío económico y la influencia política de Gran Bretaña, debe recordarse que la Unión Europea surgió sin ella porque Charles De Gaulle vetó su ingreso e igual puede sobrevivir sin su presencia. Lo que está por ver es como se desenvuelve Gran Bretaña sin Europa.

En cualquier caso Cameron se ha tropezado con las hormas de sus zapatos y con un frente integrado por 26 países. Tal vez ahora se sobrestimó y al vetar a Europa, Inglaterra se vetó él mismo.

Hace muchos años aprendí que: “El Estado representa los intereses de la clase dominante en su conjunto y no los de un segmento de ella”. A la larga, Gran Bretaña no es Europa ni la oligarquía financiera es toda la burguesía. Allá nos vemos.

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