Salvador Capote

ALAI AMLATINA, 12/04/2012.- Una de las paradojas del imperio estadounidense es que mientras ha existido siempre separaci贸n entre la Iglesia y el Estado, siempre tambi茅n la religi贸n y la pol铆tica han estado indisolublemente unidas. El que lo dude s贸lo tiene que observar las piruetas que realizan los aspirantes presidenciales republicanos para ganar el voto evang茅lico del Cintur贸n de la Biblia o el voto cat贸lico del Nordeste sin molestar a los fantasmas del Boston puritano.

El dominio WASP (White, Anglo-Saxon, Protestant) determin贸 que durante
117 a帽os, desde 1867 hasta 1984, no existiesen relaciones diplom谩ticas entre el gobierno de Estados Unidos y la Santa Sede.

Fue la elecci贸n como papa de un obispo polaco y su creciente influencia en los pa铆ses del Este de Europa lo que permiti贸 que el presidente Ronald Reagan tomase la decisi贸n, a pesar de la fuerte oposici贸n interna, de nombrar un embajador en el Vaticano. Algunos hablan de la formaci贸n de una alianza Reagan-Juan Pablo II pero no hubo tal sino una coincidencia de objetivos en contra del comunismo sovi茅tico, aunque con motivaciones muy diferentes: geopol铆ticas en el primer caso; espirituales o, si se quiere, georeligiosas, en el segundo.

Seguramente no fue coincidencia que Reagan situase en posiciones claves de su administraci贸n a prominentes figuras cat贸licas: William Casey, Director de la CIA; Alexander Haig, Secretario de Defensa; Richard Allen, Director del Consejo de Seguridad Nacional; William Clark, jefe de su equipo de asesores, entre otros.
Esta coincidencia de intereses no transcurri贸 siempre sobre un lecho de rosas. Cuando, por ejemplo, el general Jaruzelski decret贸 la ley marcial en Polonia (1981-1983) el Papa Juan Pablo II se opuso a las sanciones econ贸micas de Estados Unidos argumentando que solo servir铆an para causar sufrimientos a la poblaci贸n.

La visita a Cuba del Papa Juan Pablo II en enero de 1998 caus贸 gran malestar en la administraci贸n Clinton. En diciembre de ese mismo a帽o, la figura principal de la Iglesia Cat贸lica en Boston, el cardenal estadounidense Bernard Law, permaneci贸 durante cuatro d铆as como hu茅sped de su hom贸logo Jaime Ortega y estableci贸 contactos con el gobierno cubano. Tiempo despu茅s, con George W. Bush como presidente, cuando estall贸 en Estados Unidos el esc谩ndalo por abusos sexuales contra ni帽os, se concentr贸 en Law, como figura principal eclesi谩stica en Boston, el ataque despiadado de la prensa. Algunas autoridades del Vaticano percibieron como sobredimensionada la campa帽a medi谩tica contra Law y concluyeron que el cardenal estaba pagando un precio pol铆tico por sus visitas a Cuba y su oposici贸n al bloqueo econ贸mico, que provocaron contra 茅l un odio visceral en grupos de exiliados cubanos en Estados Unidos. Law ten铆a tambi茅n en su contra al 鈥渓obby鈥 sionista por su defensa de la causa palestina.

Juan Pablo II se opuso tenazmente a la Guerra de Irak. Ve铆a, por una parte, un gran peligro en las ideas mesi谩nicas de Bush, sus 鈥渃onversaciones鈥 con Dios y su decisi贸n de ir a la guerra supuestamente por mandato celestial, su unilateralismo, sus teor铆as de guerra preventiva y su autorizaci贸n de la tortura. Por otra parte, el Papa tem铆a por la suerte que habr铆an de correr las minor铆as, en especial las minor铆as cristianas en el Medio Oriente, y que el conflicto se considerase en el mundo isl谩mico como una nueva cruzada y se convirtiese en guerra religiosa.

La uni贸n de los neoconservadores con las denominaciones evang茅licas bajo la administraci贸n Bush dio origen a la doctrina de que no s贸lo era una exigencia moral sino una necesidad de seguridad nacional cristianizar a los pueblos isl谩micos y exportar a esas regiones del mundo la democracia representativa y las costumbres y valores norteamericanos.

A la atm贸sfera de cruzada contra el infiel contribuy贸 la preocupaci贸n por el crecimiento demogr谩fico del Islam. De 200 millones de musulmanes en 1900, pasaron a 1188 en 2005. Actualmente suman 1620 millones, 500 millones m谩s que cuando Bush, disfrazado de piloto, anunci贸 鈥渕isi贸n cumplida鈥 a bordo del portaaviones Abraham Lincoln.

Las mayores fricciones entre el Vaticano y la administraci贸n Bush se produjeron precisamente en la esfera de las relaciones internacionales.
La Santa Sede, y el resto del mundo, quedaron estupefactos cuando el 11 de enero de 2002 arrib贸 a la base naval de Guant谩namo, territorio usurpado a Cuba por Estados Unidos, la primera oleada de prisioneros.
Luego se suceder铆an los esc谩ndalos por torturas en Abu Ghraib, en la propia base de Guant谩namo y en las c谩rceles secretas distribuidas por medio mundo. El mayor distanciamiento se produjo con la publicaci贸n, en septiembre de 2002, del documento Estrategia de Seguridad Nacional, en el cual el gobierno de Estados Unidos revelaba sus prop贸sitos de utilizar la fuerza militar unilateralmente y en forma preventiva contra los pa铆ses que considerase enemigos.

El gobierno de Bush no pod铆a ocultar su frustraci贸n. De un apoyo pr谩cticamente total a ra铆z de los tr谩gicos sucesos del 11-S de 2001, a帽o en que para albergar la sede en New York el Opus Dei inaugur贸 su monumental edificio de 15 plantas, el Vaticano hab铆a pasado a la m谩s f茅rrea oposici贸n a la estrategia del imperio. 鈥淵o no entiendo la posici贸n del Vaticano鈥 declar贸 Condoleezza Rice a la revista italiana Panorama.

El Papa realiz贸 su 煤ltimo intento por detener la guerra enviando al cardenal Pio Laghi con un mensaje personal para el presidente.
Condoleezza Rice recibi贸 al enviado del Papa de manera fr铆a, un tanto grosera, y Bush le asegur贸 que Dios le hab铆a salvado del alcoholismo y le guiaba ahora para iniciar el conflicto. No hab铆a ya nada que hacer, todo estaba decidido por mandato divino, pol铆tica y militarmente.

Pero el rechazo del gobierno de Estados Unidos a la diplomacia de la Iglesia Cat贸lica no dur贸 mucho tiempo. En pocos meses, el desastre de la guerra, la desconfianza de sus propios aliados y el creciente sentimiento antinorteamericano en todo el mundo y principalmente en los pa铆ses musulmanes, hicieron que la administraci贸n Bush se volviese hacia el Vaticano como tabla de salvaci贸n para salir de su aislamiento y aplacar la furia de los imanes. Despu茅s que la audiencia del Vicepresidente Dick Cheney con Juan Pablo II no obtuvo resultados y fue ignorada casi completamente por los medios de prensa romanos, el propio Bush visit贸 al Papa el 4 de junio de 2004. Condoleezza Rice, que viaj贸 con Bush a Roma, no le acompa帽贸 en la audiencia papal. La ausencia de la asesora de seguridad nacional del presidente fue considerada por muchos como un ins贸lito gesto de arrogancia.

En un inicio, el Papa hab铆a rechazado conceder a Bush la audiencia solicitada. Las autoridades eclesi谩sticas comunicaron al embajador de Estados Unidos que el Papa no podr铆a recibir al presidente durante la estancia de este 煤ltimo en Roma debido al compromiso de asistir a un congreso de juventudes en Suiza. Sin embargo, la reuni贸n con el Papa era de tanta importancia para la estrategia electoral de Bush que alter贸 su propio itinerario, algo humillante para su cargo, con el fin de llegar antes a Roma y presionar de este modo para obtener la entrevista. Bush quer铆a demostrar al electorado norteamericano que si el Papa no lo respaldaba en cuanto a la guerra, si contaba con su apoyo en relaci贸n a los valores humanos.

A pesar de las claras divergencias entre la Santa Sede y el gobierno de Estados Unidos en lo que respecta a pol铆tica exterior, el Papa Juan Pablo II tom贸 partido en las elecciones presidenciales de 2004 a favor del protestante George W. Bush y en contra del cat贸lico John Kerry. Este hecho es de extrema importancia para entender las posiciones que asume el Vaticano.

Bush no perd铆a oportunidad para resaltar los valores familiares, su oposici贸n al aborto, a los matrimonios entre personas del mismo sexo, a la eutanasia, a las investigaciones con c茅lulas madres y otros t贸picos que lo colocaban m谩s cerca de los principios morales de la Iglesia Cat贸lica que su adversario. Kerry, por el contrario, manten铆a que las creencias religiosas eran un asunto totalmente privado y era considerado por la jerarqu铆a eclesi谩stica como un exponente del relativismo cultural y del secularismo combatido por la Iglesia. Las ideas liberales de Kerry contrastaban con la ortodoxia del Papa Juan Pablo II. Con Kerry, adem谩s, la Iglesia no ten铆a nada que ganar pues no hab铆a indicio alguno de que, como presidente, pudiese cambiar el curso de la guerra.
La lecci贸n importante que podemos extraer del triunfo electoral de Bush con el apoyo de la mayor铆a de los cat贸licos es que el Vaticano prioriza su lucha contra el secularismo y el relativismo moral sobre otras esferas como las relaciones internacionales.

Con posterioridad a las elecciones de 2004, Bush continu贸 cortejando al Vaticano. Por vez primera en la historia, con los nombramientos de John G. Roberts y de Samuel Alito, los cat贸licos alcanzaron la mayor铆a (5 de
9) en la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos. A los funerales de Juan Pablo II, en abril de 2005, asisti贸 el presidente Bush, Bill Clinton y George H. W. Bush. Con Jimmy Carter hubieran sumado tres los ex-presidentes pero no hubo espacio para este 煤ltimo en el 鈥淎ir Force One鈥 seg煤n la explicaci贸n oficial. La imagen de estos tres personajes y de Condoleezza Rice que los acompa帽aba, protestantes los cuatro, arrodillados frente al Papa en la Bas铆lica de San Pedro, podr铆a utilizarse como magn铆fica propaganda del ecumenismo o, m谩s bien, como paradigma de oportunista hipocres铆a.

La elecci贸n como papa del cardenal Ratzinger represent贸 un triunfo del conservadurismo moral tanto de cat贸licos como de protestantes. El nuevo pont铆fice seguir铆a en general la l铆nea pol铆tica trazada por su antecesor pero imprimi茅ndole un estilo propio m谩s apegado a la ortodoxia.

En Julio de 2007, Condoleezza Rice, como Secretaria de Estado, viaj贸 a Roma y solicit贸 una reuni贸n urgente con el Papa Benedicto XVI para tratar asuntos del Medio Oriente. La Secretaria hablar铆a en nombre del presidente Bush. La respuesta fue que el Papa se encontraba descansando en su residencia de Castelgandolfo, al sur de Roma, y no podr铆a recibirla por cuestiones de protocolo. Los diarios de Italia apuntaron que se trataba de un desaire evidente a la administraci贸n Bush y en particular a la Secretaria de Estado que nunca fue bien vista en el Vaticano. Fue ella la que, justo antes del inicio de la guerra de Irak, dej贸 claro al enviado del Papa Juan Pablo II, cardenal Pio Laghi, que el gobierno de Estados Unidos no estaba interesado en los puntos de vista del Papa acerca de la inmoralidad de la ofensiva militar. El Vaticano no olvidaba tampoco su descort茅s ausencia de la audiencia papal en junio de 2004.

En 2007, debido a la enfermedad del l铆der de la Revoluci贸n Cubana, Fidel Castro, la Casa Blanca y el Departamento de Estado creyeron llegada la oportunidad de producir acontecimientos en Cuba que condujesen a la restauraci贸n del capitalismo en la naci贸n del Caribe. Con ese fin, realizaron gestiones para lograr el apoyo de la Iglesia Cat贸lica. Sin embargo, los contactos en el Vaticano con el cardenal Tarcisio Bertone no dieron los resultados que esperaban. La Santa Sede no compart铆a los criterios de los funcionarios y diplom谩ticos estadounidenses, consider谩ndolos demasiado simplistas y sin base objetiva.

En abril de 2008, Benedicto XVI visit贸 Estados Unidos coincidiendo con la campa帽a electoral presidencial. Era la primera visita oficial de un pont铆fice a Washington despu茅s del establecimiento de relaciones diplom谩ticas plenas en 1984. La presencia del Papa en Estados Unidos en un a帽o electoral constitu铆a un apoyo al candidato republicano frente al dem贸crata Barak Obama, de ideas m谩s liberales. Una situaci贸n semejante a la de 2004 con el aspirante John Kerry pero, esta vez, las bases cat贸licas no respondieron en las urnas a la jerarqu铆a eclesi谩stica.

Con el flamante Premio Nobel de la Paz como presidente, era de esperar una mayor coincidencia con el papa en la arena internacional. Por el contrario, Obama continu贸 los planes de guerra del imperio y amenaza con iniciar nuevos conflictos militares con Ir谩n y Siria.

Aunque las relaciones actuales de la Iglesia con el gobierno de Estados Unidos son formalmente buenas, en el fondo se desarrolla una sorda guerra cultural. La Santa Sede teme, hoy m谩s que nunca, que se haga realidad la c茅lebre teor铆a del 鈥渃hoque de civilizaciones鈥 del historiador Samuel Huntington.

Un golpe bajo reciente de la administraci贸n Obama fue la inclusi贸n del Vaticano (marzo de 2012), en la lista de 鈥渃r铆menes financieros鈥 del Departamento de Estado. Por primera vez, a pesar de las medidas que se sabe ha tomado para evitarlo, el Vaticano se encuentra en la lista de lavadores de dinero potenciales. Esta medida podr铆a interpretarse como represalia por las excelentes relaciones de la Iglesia con el Estado cubano y el anuncio de la visita a Cuba del Papa Benedicto XVI.

En efecto, un mes m谩s tarde, Benedicto XVI realizaba con 茅xito una visita pastoral a la isla y solicitaba a Estados Unidos poner fin al criminal bloqueo econ贸mico contra Cuba.

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