Muy pocos l铆deres a nivel mundial en este momento hist贸rico, tienen la talla de Fidel. Empezando porque muchos de ellos no logran aglomerar alrededor suyo m谩s que a sus amigos y algunos colaboradores enajenados por su avaricia y ambici贸n. En pocas palabras, comprados. Tal es el caso de los que encabezan los gobiernos amansados por el Imperio.
Raz贸n por la que deber铆a cuestionarse si realmente merecen el apelativo de l铆deres.
Fidel, cuya figura salt贸 a la palestra p煤blica global con el fracasado intento de tomar el cuartel militar de Moncada en Santiago de Cuba, hoy convertido en la Escuela 26 de julio, luego demostr贸 sus dotes de l铆der aut茅ntico al encabezar, a partir de ese supuesto fiasco, la Revoluci贸n exitosa que se convirti贸 en la mayor afrenta del Imperio estadounidense a escasos 150 kil贸metros de su territorio instalada en una min煤scula isla a la cual esos imperialistas consideraban su prost铆bulo y casino.
Continuaci贸n de una empresa inconclusa que otros l铆deres de la talla de Mart铆, Maceo, G贸mez, Garc铆a y otros no lograron finalizar.
Isla, que luego de esa revoluci贸n, se catapult贸 a la estatura de naci贸n dejando atr谩s la p煤stula colonial que el imperio espa帽ol y luego el yanqui, le impusieron. Denigraci贸n que luego de haberse librado de ella los cubanos, sus opresores no les perdonan. De ah铆, su enjundia y paroxismo al imputarles un bloqueo econ贸mico que en un principio creyeron doblegar铆a y rendir铆a por hambre a su valeroso pueblo.
Sin embargo, ese chasco es continuamente apabullante y el anacronismo es parte de ese esp铆ritu caduco en que se revuelcan los que usurpan el gobierno de esa naci贸n que una vez brill贸 bajo la visi贸n de sus padres fundadores pero que ahora es sin贸nimo de imposici贸n y enga帽o cuando se agotaron hace rato sus argumentos de democracia y honrados principios.
Mientras el imperio se resquebraja por la presi贸n de sus propias contradicciones y estafas, la imagen de Fidel junto a su pueblo, luego de la de un intr茅pido l铆der revolucionario se ha trastocado con el concurso de los a帽os, en la de un padre prudente, ben茅volo pero firme en sus convicciones. Humilde pero altivo, solidario pero intransigente cuando de defender los derechos de los pueblos se refiere. Incluyendo los del pueblo estadounidense explotado, abrumado y enga帽ado por sus propios gobernantes.
Cuando esos gobernantes, m谩s no l铆deres, se desplazan a uno u otro lugar del planeta, los recursos para resguardar su seguridad se traducen en sumas estratosf茅ricas y aparatajes de contenci贸n espectaculares de kil贸metros a la redonda de donde estar谩n pues el odio que han cosechado alrededor del mundo est谩 en relaci贸n a esa inmensidad. A diferencia de l铆deres de la envergadura de Fidel que, de lo 煤nico que se han tenido que cuidar es de esos s谩trapas que han hecho de su asesinato una misi贸n obligada pues su brillo los opaca, los ba帽os de pueblo son repetitivos y anecd贸ticos. Los pobres quisieran tocarlos, demostrarles el amor que les profesan con abrazos y besos. Sus rostros acompa帽an sus marchas y manifestaciones como 铆conos de rebeld铆a e inconformidad con el 鈥渆stado鈥 de las cosas como las han proyectado los tiranos.
Por eso, a pesar de sus 86, Fidel jam谩s morir谩 como no lo han hecho el Che, Ghandi, Jesucristo, para nombrar solo algunos. Porque la santidad de estos se mide en la firmeza y la pulcritud de sus actos y no en la magnificencia de sus posesiones. En su ejemplo di谩fano y no en el poder铆o sobre el que se sientan.
Cuba es hoy una naci贸n digna e inexpugnable por la estatura a la que la gu铆o Fidel que a su vez fue formado por ese pueblo ind贸mito. Dial茅ctica que los sesudos ide贸logos al servicio de los imperialistas jam谩s podr谩n entender o no quieren entender, que es peor. Peque帽os misterios que se pierden en las sinuosidades de la filosof铆a humana tan compleja y tan sencilla a la vez que por el bullicio del consumismo no pueden percibir los magnates.
Fidel es una autoridad cuya autoridad se finca en la verdad de su ejemplo; en que sus actos jam谩s han sido fruto de la hipocres铆a ni la mezquindad. Al contrario, su palabra es consecuencia de sus actos; la autocr铆tica y la rectificaci贸n, parte insustituible de su car谩cter. La defensa de los principios su cotidianidad a la que ni sus propios enemigos han podido poner objeci贸n ni encontrado paja alguna.
Fidel, Fidel, por ello ahora s铆 sabemos, porque el imperialismo no puede con 茅l.
隆Feliz cumplea帽os Comandante Eterno de la Historia!
Carlos Maldonado
COLECTIVO 鈥淟A GOTERA鈥
Guatemala, 13 de agosto de 2012









es miembro de 
Ningun comentario en " Al Comandante eterno de la historia en sus 86 "
Seguimiento de comentarios con rss o deja un TrackbackDeja una comentario